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¿Quién mató a Patroclo? El asesinato de un amante divino

Monumento a la muerte de Patroclo

La muerte de Patroclo resulta fundamental para la participación de Aquiles en la Guerra de Troya. Aquiles había estado enfurruñado en su tienda, negándose a entrar en batalla. No fue hasta la muerte de Patroclo que regresó a la contienda y condujo a los griegos hacia la victoria.

La pregunta sobre quién mató a Patroclo es bastante compleja.

¿Acaso fue la propia soberbia de Patroclo lo que le costó la vida?

¿La impulsividad y el resentimiento de Aquiles lo empujaron al campo de batalla?

O recae la culpa enteramente sobre Héctor, el príncipe troyano cuya lanza lo atravesó?

¿Cómo muere Patroclo?

Patroclo estaba con Aquiles mucho antes de que se concibiera la Guerra de Troya. Siendo aún un joven que vivía en la casa de su padre, peleó con otro niño y lo mató. Preocupado por el bienestar de su hijo, su padre lo envió a la casa del padre de Aquiles como sirviente y mentor del niño más joven.

Con el tiempo, Patroclo se convirtió en algo más que un simple maestro y protector de Aquiles. Algunos autores sugieren que ambos llegaron a ser amantes, aunque Homero nunca aclara la naturaleza de su relación. El texto resulta ambiguo respecto al vínculo real entre ambos, pero una cosa queda meridianamente clara: se trataba de un lazo sumamente estrecho.

La cuestión sobre quién mató a Patroclo es más complicada que determinar quién asestó el golpe mortal. La muerte de Patroclo constituye la culminación de una serie de eventos provocados por las acciones de diversos personajes.

Desde su atribulada juventud en adelante, la vida y la muerte de Patroclo estuvieron marcadas por la impulsividad.

Entonces, ¿cómo muere Patroclo en la Ilíada? En pocas palabras, Héctor le clavó una lanza en el vientre, matándolo. La verdad, sin embargo, requiere mayor desarrollo. La propia soberbia de Patroclo, así como la de sus líderes, también contribuyó a los acontecimientos que condujeron a su muerte.

¿Quién era Patroclo?

Representación de Patroclo

Patroclo era mucho más que el escudero y mentor de Aquiles. También era su primo. Patroclo era hijo de Menetio, rey de Opunte.

A través de su abuela Egina, era primo de Aquiles en segundo grado. La naturaleza exacta de su relación resulta incierta en los escritos de Homero, pero textos posteriores se inclinan firmemente hacia la idea de que ambos hombres eran amantes.

Ciertamente, la reacción de Aquiles ante la muerte de Patroclo sugiere que el vínculo era, cuanto menos, muy profundo.

Cuando mató a otro niño durante una disputa por un juego, Menetio, padre de Patroclo, lo entregó a Peleo, padre de Aquiles. Se ha especulado que ambos padres consideraban que Patroclo necesitaba la estabilidad que proporcionaría la responsabilidad de ser mentor del joven Aquiles.

La madre de Aquiles, Tetis, una ninfa, había sumergido a Aquiles en el río Estigia cuando era un lactante, haciéndolo prácticamente invulnerable. Se encomendó a Patroclo el cuidado de un niño con la fuerza suficiente para soportar su temperamento y que necesitaba un líder firme en su vida para contrarrestar sus propias tendencias obstinadas.

Héctor contra Patroclo: ¿Cómo se llegó a esto?

Héctor era un príncipe troyano, hermano mayor de Paris, cuyo secuestro o seducción —según la interpretación que se dé al papel de Helena— provocó la guerra entre troyanos y griegos.

Como uno de los príncipes en la línea de sucesión al trono, Héctor era un combatiente valiente que salía con frecuencia a liderar el ejército en la batalla. Su verdadero adversario habría de ser Agamenón o Aquiles, los líderes de los combatientes griegos, pero Aquiles, en un arrebato de ira, se había retirado del campo de batalla y se negaba a luchar.

Patroclo acude ante Aquiles, llorando por las pérdidas que los griegos han sufrido sin su presencia. Al principio, Aquiles se burla de sus lágrimas, pero Patroclo responde que llora por la pérdida y el honor de sus hombres.

Suplica a Aquiles que le permita tomar su armadura divina y vestirla para liderar a los soldados, con la esperanza de al menos alejar a los troyanos de las naves. Aquiles accede, aunque con cierta renuencia, y advierte a Patroclo que solo debe rechazar a los troyanos lejos de las naves y regresar.

Patroclo, una vez liberado en su misión, hizo retroceder a los troyanos y continuó avanzando. Atacó con tal ferocidad que los empujó hasta las mismas murallas, y allí encontró su destino.

Aquiles y la cólera divina

Aunque Aquiles concedió a Patroclo el permiso para tomar su armadura divina, no esperaba el resultado. La armadura misma era un regalo de su madre.

Hefesto, el herrero de los dioses, la forjó. La armadura estaba reforzada en los talones con plata para cubrir su único punto vulnerable.

Homero la describió como de bronce, marcada con estrellas en honor al lugar de Aquiles como semidiós, casi inmortal.

A pesar de la profecía que indicaba que obtendría gran gloria en la guerra y moriría joven, o bien viviría una vida larga y discreta, Aquiles buscó la gloria mediante el combate. Los temores de Tetis por su hijo no fueron suficientes para protegerlo al final.

Patroclo, en la Ilíada, acude ante Aquiles y le ruega que le permita usar su armadura para infundir temor en los corazones de los soldados troyanos y hacerlos retroceder desde las naves. Aquiles acepta, pero insiste en que su amigo adopte su apariencia solo para alejar a los soldados de las embarcaciones. No desea que Patroclo se una al combate.

Sin embargo, Patroclo no hace caso a su amigo, y Héctor mata a Patroclo cerca de las puertas de la ciudad. La reacción de Aquiles ante la muerte de Patroclo fue una explosión de furia.

La muerte de Patroclo

commons.wikimedia.org

Los troyanos estaban preparados para muchas cosas, pero no esperaban que Patroclo vistiera la armadura de Aquiles. Las fuerzas troyanas retrocedieron y huyeron hacia sus propias murallas. Patroclo, sin hacer caso de las advertencias de Aquiles, los persiguió, llegando incluso a matar al hijo de Zeus, Sarpedón.

El asesinato del hijo de un dios constituyó el momento decisivo en la historia de Patroclo. Zeus no permitiría que un crimen contra uno de los suyos quedara impune, y Patroclo había firmado su propia sentencia de muerte.

El dios Apolo intervino, privando a Patroclo de su cordura. El troyano Euforbo logró asestarle un golpe al guerrero, y Héctor remató la faena con su lanza.

Héctor logró arrebatar la armadura de Aquiles del cuerpo. No obstante, Menelao y Áyax, hijo de Telamón, protegieron el cuerpo en el campo de batalla, haciendo retroceder a los troyanos e impidiendo que se apoderaran del cadáver y lo profanaran.

En su furia y dolor, Aquiles se niega a permitir que Patroclo sea enterrado durante varios largos días, hasta que el espectro del propio caído se le aparece y le suplica una sepultura adecuada para poder pasar al Hades, la tierra de los muertos.

El cuerpo de Patroclo fue quemado en una enorme pira funeraria, junto con los cabellos de muchos de sus compañeros, que se los cortaron como señal de duelo y fidelidad. Aquiles entonces vuelve su rabia y su dolor contra Troya. Tetis hace fabricar un segundo juego de armadura para él, y la viste antes de lanzarse contra la ciudad.

La venganza de Aquiles

La furia de Aquiles se abatió sobre Troya como un tsunami que arrasa una costa. Antes de la muerte de Patroclo, Agamenón había ido a suplicarle a Aquiles que regresara al campo de batalla. Incluso ofreció devolver a Briseida, la mujer esclava que originó la disputa entre ambos, pero Aquiles no cedió.

Sin embargo, Aquiles se conmueve ante la muerte de su amigo y regresa para vengar a los asesinos de Patroclo. Mata a tantos troyanos que obstruye un río, enfureciendo al dios que habita sus aguas. Cuando la deidad menor lo desafía, incluso combate al dios y lo hace retroceder antes de proseguir su sangriento camino hacia las puertas de Troya.

En un momento de nobleza insensata, Héctor decide permanecer fuera de las puertas y tratar de enfrentarse a Aquiles. Su esposa Andrómaca lo espera en la puerta, sosteniendo a su hijo pequeño Astianacte y suplicándole que no enfrente al guerrero sediento de venganza.

Héctor sabe que Príamo, su padre, está condenado a caer ante los griegos y siente que es su deber para con su ciudad salir a combatir. Cuando Aquiles se aproxima, Héctor gira y huye. Aquiles lo persigue alrededor de la ciudad tres veces antes de que Héctor se vuelva para enfrentarlo.

Aquiles lanza su lanza, fallando el blanco, pero Atenea, mentora de Aquiles, disfrazada, se la devuelve a su mano. Héctor arroja su lanza y también falla. Cuando se gira hacia su hermano, a quien creía detrás de él, se encuentra solo, sin un arma de repuesto, frente a un Aquiles armado.

Héctor, vistiendo la propia armadura robada de Aquiles, carga contra el guerrero. Su perdición radica en que su adversario conoce perfectamente la armadura. Aquiles atraviesa el único punto donde Héctor está desprotegido, matando a Héctor.

Héctor había suplicado que su cuerpo fuera devuelto a su familia si perdía el combate, pero Aquiles lo arrastró detrás de su carro y se vengó del hombre que mató a Patroclo profanando su cadáver.

Finalmente, Príamo, el propio padre de Héctor, acude a suplicarle a Aquiles que devuelva el cuerpo de su hijo. Aquiles, apiadado del anciano rey, entrega a Héctor de vuelta a Troya para una sepultura digna. Al mismo tiempo, los griegos celebran su duelo por Patroclo, y dos de los grandes héroes de la Guerra de Troya son sepultados por sus respectivos ejércitos.

Creado: 16 de febrero de 2024

Modificado: 10 de enero de 2025