Edipo en Colono

Edipo en Colono (Gr: Oidipous epi Kolono o Oedipus epi Kotonoi; Lat: Oedipus Coloneus) es una tragedia del dramaturgo griego antiguo Sófocles. Es la última obra superviviente de Sófocles, escrita poco antes de su muerte en el 406 a. C., y la última compuesta de sus tres obras tebanas (las otras dos son “Edipo Rey” y “Antígona”: sin embargo, en la cronología de las obras tebanas, los acontecimientos de “Edipo en Colono” suceden después de “Edipo Rey” y antes de “Antígona”). Describe el final de la trágica vida del desventurado Edipo, ya ciego, en la localidad de Colono, cerca de Atenas.

(Tragedia, griega, 406 a. C., 1.779 versos)

Sinopsis

Dramatis Personae

  • EDIPO, rey desterrado de Tebas
  • ANTÍGONA, hija de Edipo
  • ISMENE, hija de Edipo
  • TESEO, rey de Atenas
  • CREÓN, hermano de Yocasta, ahora reinante en Tebas
  • POLINICES, hijo mayor de Edipo
  • UN FORASTERO, nativo de Colono
  • MENSAJERO, asistente de Teseo
  • CORO, compuesto por ancianos de Colono

Edipo en Colono, pintura de Jean-Antoine-Théodore Giroust

El ciego Edipo, exiliado de su nativa Tebas y reducido a una vida de vagabundeo guiado por su hija Antígona, llega a la localidad de Colono, donde al principio se le dice que siga su camino porque el terreno es sagrado para las Erinias o Furias (también conocidas como las Euménides). Edipo lo interpreta como un presagio favorable, ya que la profecía original de Apolo, además de predecir que mataría a su padre y se casaría con su madre, también revelaba que moriría en un lugar sagrado para las Furias y que sería una bendición para la tierra en la que fuese sepultado.

El Coro de ancianos de Colono se horroriza al saber que es hijo de Layo, de quien han oído hablar, e intentan desesperadamente expulsarlo de su ciudad, temiendo que la maldiga. Edipo argumenta que mató a su padre en legítima defensa y no es moralmente responsable de sus crímenes. Además, llega a afirmar que se encuentra allí en una misión sagrada, portando un gran don para el pueblo, y pide ver a Teseo, rey de Atenas.

Edipo en Colono con su hija Antígona

La otra hija de Edipo, Ismene, llega trayendo la noticia de que su hijo menor Eteocles ha usurpado el trono de Tebas y su hijo mayor Polinices está reuniendo una fuerza (los “Siete contra Tebas” de la obra de Esquilo) para atacar la ciudad y recuperar el poder. Según un oráculo, el desenlace de este conflicto depende de dónde sea enterrado el propio Edipo, y además corre el rumor de que su intrigante cuñado Creón planea hacerlo matar y enterrar en la frontera de Tebas sin los debidos ritos funerarios, para que ninguno de sus hijos pueda aprovechar el poder de la predicción oracular. Edipo no se declara a favor de ninguno de sus hijos enfrentados, contrastándolos con sus devotas hijas, y se encomienda a la misericordia y protección de la gente de Colono, que lo ha tratado bien hasta ahora.

El Coro interroga a Edipo sobre los detalles de su incesto y su parricidio pero, cuando el rey Teseo llega, el monarca ya parece bien informado de todos los trágicos acontecimientos y simpatiza con Edipo, ofreciéndole ayuda incondicional. Conmovido por la comprensión y la preocupación de Teseo, Edipo le ofrece a cambio el don de su lugar de sepultura, que asegurará la victoria de Atenas en cualquier conflicto futuro con Tebas. Teseo objeta que ambas ciudades mantienen relaciones amistosas, aunque Edipo le advierte que solo los dioses no se ven afectados por el paso del tiempo. Teseo concede a Edipo la ciudadanía de Atenas y deja al Coro para que lo custodie cuando parte.

Creón, en representación de Tebas, llega y finge compasión por Edipo y sus hijos, sugiriendo que debería regresar a su ciudad natal de Tebas. Edipo, sin embargo, que conoce bien al cruel Creón, no se deja engañar por sus artimañas. Entonces Creón apresa a Antígona y revela que ya ha capturado a Ismene, amenazando con usar la fuerza para llevar a Edipo de vuelta a Tebas, a pesar de los intentos de los hombres del Coro por detenerlo. El rey Teseo y sus hombres intervienen para proteger a Edipo y someten a Creón y a los tebanos, rescatando a las hijas de Edipo, subrayando el respeto ateniense por la ley frente a la ilegalidad de la degenerada Tebas.

Edipo en Colono, escultura de Jean-Baptiste Hugues

El hijo de Edipo, Polinices, desterrado de Tebas por su hermano Eteocles, llega y ruega hablar con Edipo. Antígona persuade a su padre, contra su mejor juicio, para que escuche a su hermano, y Polinices le suplica reconciliación, anhelando su perdón y su bendición (sabiendo que el oráculo ha declarado que la victoria caerá del lado que Edipo apoye). Edipo permanece impasible y maldice a sus dos indignos hijos, prediciendo con crudeza que se matarán mutuamente en la batalla venidera.

Se desata una violenta tormenta que Edipo interpreta como una señal de Zeus de que su fin está próximo. Insiste en otorgar a Teseo y a su ciudad de Atenas el don que les ha prometido, declarando que Atenas estará protegida por los dioses para siempre siempre que Teseo no revele a nadie la ubicación de su tumba. Repentinamente imbuido de una fuerza interior al acercarse su destino, el ciego Edipo se levanta y camina, pidiendo a sus hijos y a Teseo que lo sigan al bosque sagrado de las Furias.

Un mensajero llega y describe al Coro la muerte digna de Edipo, explicando cómo, en el último momento, había enviado a sus hijos para que solo Teseo conociera el lugar exacto de su muerte y pudiera transmitirlo a su heredero. Aunque Ismene y Antígona están consternadas por la muerte de su padre, el rey Teseo se niega escrupulosamente a revelarles el lugar de la sepultura de Edipo. Finalmente, las mujeres se resignan y emprenden el regreso a Tebas, albergando aún la esperanza de impedir que Polinices y los Siete contra Tebas marchen sobre la ciudad y se produzca la inevitable sangría.

Edipo en Colono maldiciendo a su hijo Polinices, de Henry Fuseli

Análisis

En la época en que se escribió “Edipo en Colono”, Atenas atravesaba numerosos cambios, tras la derrota militar ante los espartanos y la brutal y dictatorial administración de los Treinta Tiranos, y tanto la redacción de la obra como su recepción por el público ateniense de la época habrían estado influidas por este contexto histórico. La Atenas de la obra se presenta como la cúspide de la democracia y la jurisprudencia, mientras Teseo, rey de Atenas, concede a Edipo asilo de manera incondicional. El suburbio ateniense de Colono, que constituye el escenario principal de la obra, es donde Sófocles pasó buena parte de su propia infancia.

En esta obra hay mucha menos acción y más discusión filosófica que en “Edipo Rey” y las demás obras de Sófocles. Escrita, según algunos testimonios, cuando Sófocles se acercaba a su nonagésimo año, el autor trata al anciano protagonista con gran respeto a lo largo de toda la obra. La esperanza serena con la que el atribulado Edipo espera su muerte —como una liberación de las preocupaciones y los sufrimientos de la vida— tiene casi con seguridad una dimensión personal y refleja en cierta medida los sentimientos del anciano poeta.

La obra sigue la transición de Edipo de mendigo a una especie de héroe, y puede considerarse como una meditación sobre la falibilidad de los seres humanos y la posibilidad de su redención. La vida se presenta como un viaje o proceso de aprendizaje y, a lo largo de la obra, Edipo evoluciona desde una pacífica resignación y derrotismo al principio, pasando por una ardiente pasión reminiscente de sus días de juventud en la parte central, hasta alcanzar una serenidad y paz interior (e incluso una nueva firmeza y dignidad) al final.

La obra aborda explícitamente el tema de la responsabilidad moral de una persona respecto a su destino, y si es posible o no rebelarse contra el hado (Edipo afirma repetidamente que no es responsable de las acciones que estaba destinado a cometer). Sófocles sugiere que, aunque la comprensión limitada de un gobernante pueda llevarle a creerse plenamente inocente, esto no altera el hecho objetivo de su culpa.

Sin embargo, también se sugiere que, dado que Edipo pecó sin saberlo, su culpa puede verse de algún modo atenuada, permitiendo que sus sufrimientos terrenales sirvan como expiación suficiente por sus pecados, de modo que en la muerte pueda ser favorecido (como ha predicho la profecía de Apolo). A pesar de haber sido cegado, exiliado y de enfrentar la violencia de Creón y sus hijos, al final Edipo es aceptado y absuelto por Zeus y llega a aceptar la inevitabilidad de la voluntad divina y la profecía.

Acaso la cita más célebre de la obra se encuentra en el verso 880: «En una causa justa, los débiles vencen a los fuertes».

Recursos

Creado:24 de octubre de 2024

Modificado:25 de diciembre de 2024