Oedipus

(Tragedia, latín/romana, c. 55 d. C., 1.061 versos)

Introducción

“Edipo” es una tragedia del dramaturgo romano Séneca el Joven, escrita hacia el año 55 d. C. Se trata de una reelaboración de la historia del desdichado rey Edipo, quien descubre que ha matado a su padre sin saberlo y se ha casado con su propia madre, relato más conocido gracias a la obra “Edipo rey” del dramaturgo griego antiguo Sófocles.

Sinopsis

Personajes

  • EDIPO, rey de Tebas
  • YOCASTA, esposa (y madre) de Edipo
  • CREONTE, hermano de Yocasta
  • TIRESIAS, profeta ciego
  • MANTO, hija de Tiresias
  • VIEJO
  • FORBANTE, un pastor
  • MENSAJERO
  • CORO DE ANCIANOS TEBANOS
Forbante descubre al infante Edipo en el monte Citerón

La obra se abre con el atemorizado rey Edipo de Tebas lamentando una terrible peste que azota la ciudad. También explica cómo, antes de llegar a Tebas, recibió una profecía de Apolo según la cual mataría a su padre y se casaría con su madre, razón por la cual huyó del reino de su padre Pólibo en primer lugar. Edipo está tan perturbado por lo que ocurre en Tebas que incluso considera regresar a su ciudad natal, aunque su esposa Yocasta le infunde ánimo y decide quedarse.

El hermano de Yocasta, Creonte, regresa del Oráculo de Delfos con la indicación de que, para poner fin a la peste, Tebas debe vengar la muerte del anterior rey, Layo. Edipo pide al profeta ciego Tiresias que aclare el significado del oráculo, y este procede a realizar un sacrificio en el que se manifiestan una serie de presagios escalofriantes. Sin embargo, Tiresias necesita invocar el espíritu de Layo desde el Érebo (el Hades) para que nombre a su asesino.

Creonte regresa tras haber hablado con el fantasma de Layo por mediación de Tiresias, pero al principio se muestra reacio a revelar a Edipo el nombre del asesino. Cuando Edipo lo amenaza, Creonte cede y relata que Layo ha acusado al propio Edipo de su asesinato y también de haber profanado su lecho nupcial. El fantasma de Layo ha prometido que la peste solo cesará cuando el rey sea expulsado de Tebas, y Creonte aconseja a Edipo que abdique. Pero Edipo cree que Creonte, confabulado con Tiresias, ha inventado esta historia para arrebatarle el trono y, a pesar de las protestas de inocencia de Creonte, Edipo lo hace arrestar.

Edipo maldice a Polínices antes del fatídico destierro

Sin embargo, Edipo está atormentado por el vago recuerdo de un hombre al que mató en el camino hacia Tebas por comportarse con arrogancia ante él, y se pregunta si podría haber sido efectivamente su padre, Layo. Un anciano pastor y mensajero llega desde Corinto para informar a Edipo de que su padre adoptivo, el rey Pólibo, ha muerto y de que debería regresar para reclamar su trono. Edipo no desea volver, pues aún teme la profecía de que se casará con su madre, pero el mensajero le revela entonces que sabe a ciencia cierta que la reina de Corinto no es su verdadera madre, ya que él fue el pastor a quien se le confió el bebé Edipo en el monte Citerón todos aquellos años atrás. Entonces queda claro que Edipo es en realidad hijo de Yocasta, con lo cual se cumple la otra parte de la profecía original de Apolo, y Edipo sale despavorido, presa del tormento.

Otro mensajero entra para relatar cómo Edipo primero pensó en quitarse la vida y que arrojaran su cuerpo a las fieras, pero luego, al considerar el sufrimiento que padecía Tebas, juzgó que su crimen merecía un castigo aún peor y procedió a arrancarse los ojos con sus propias manos. El propio Edipo entra entonces en escena, ciego y sumido en un dolor atroz, y se enfrenta a Yocasta. Ella, al comprender por sus acciones que también debe castigarse, toma la espada de Edipo y se quita la vida.

Análisis

Ilustración de Edipo enfrentando su destino en Colono

El “Edipo” de Séneca sigue los preceptos trágicos de Aristóteles y de Horacio, con total unidad de acción, tiempo y lugar, y un Coro que separa cada uno de los cinco actos. También se ajusta a la idea aristotélica de que la violencia escenificada resulta catártica, y Séneca da rienda suelta a los sangrientos actos de mutilación y sacrificio. Existe, no obstante, un largo debate (aún vigente) sobre si las obras de Séneca fueron representadas alguna vez o si se escribieron únicamente para su recitación ante grupos selectos. Algunos críticos han concluido que estaban destinadas a comentar de manera velada las atrocidades de la corte del emperador Nerón, y otros que se usaron como parte de la educación del joven Nerón.

Aunque se basa en términos generales en la obra mucho más antigua de Sófocles, “Edipo rey”, existen varias diferencias entre ambas piezas. Una de las principales es que la obra de Séneca tiene un tono considerablemente más violento. Por ejemplo, el sacrificio realizado por Tiresias se describe con un detalle gráfico y escabroso que habría resultado del todo improcedente en la época de Sófocles. De hecho, toda la larga escena que involucra a Tiresias y sus augurios no tiene equivalente alguno en Sófocles, y en realidad tiene el desafortunado efecto de reducir el impacto dramático del descubrimiento de la verdadera identidad de Edipo, algo que sin duda debió de resultar evidente para el propio Séneca, y cuya inclusión resulta difícil de explicar.

A diferencia del rey orgulloso e imperioso de la obra de Sófocles, el personaje de Edipo en la versión de Séneca es temeroso y está corroído por la culpa, preocupado en todo momento por si él mismo podría ser responsable de alguna manera de la gran peste tebana. En la obra de Sófocles, Edipo se ciega tras ver el cadáver de Yocasta, ahorcada, utilizando los broches de oro de su vestido para sacarse los ojos; en la obra de Séneca, Edipo se ciega antes de la muerte de Yocasta arrancándose los globos oculares, y es así una causa mucho más directa de la muerte de Yocasta.

Para Sófocles, la tragedia es el resultado de un defecto trágico en el carácter del protagonista, mientras que para Séneca el destino es inexorable y el ser humano es impotente ante él. Para que se produzca la catarsis, el público debe experimentar piedad y miedo, y Sófocles lo logra mediante una trama cargada de suspense, pero Séneca va más allá al añadir una atmósfera asfixiante y omnipresente que parece planear sobre los personajes, casi ahogándolos con el dolor del reconocimiento.

El ciego Edipo guiado por Antígona durante el destierro

Junto con las demás obras de Séneca, “Edipo” en particular fue considerada un modelo de drama clásico en la Inglaterra isabelina, e incluso una importante obra de instrucción moral por algunos. Aunque probablemente estaba concebida para ser recitada en reuniones privadas más que representada sobre un escenario (y no existen pruebas de que se representara en el mundo antiguo), ha sido llevada a escena con éxito en numerosas ocasiones desde el Renacimiento. Con su tema de la impotencia ante fuerzas superiores, ha sido descrita como una obra tan relevante hoy como en la antigüedad.

Algunos críticos, entre ellos T. S. Eliot, han afirmado que “Edipo”, al igual que las demás obras de Séneca, está poblada de forma simplista por personajes estereotipados. Otros, sin embargo, han rechazado esta crítica, argumentando que el único personaje verdaderamente estereotipado de toda la obra es el del mensajero, y que el propio Edipo es tratado como un caso psicológico sumamente complejo.

Recursos

Creado:25 de octubre de 2024

Modificado:23 de diciembre de 2025