Helen (Euripides)
(Tragedia, Griega, 412 a.C., 1.692 versos)
Introducción
“Helen” (Gr: “Elene”; Lat: “Helena”) es una tragedia del dramaturgo griego antiguo Eurípides, representada por primera vez en 412 a.C. en el certamen anual de las Dionisias en Atenas. Aunque técnicamente es una tragedia, se trata más bien de un romance o melodrama, como varias de las obras tardías de Eurípides, y guarda gran semejanza con su “Ifigenia en Táuride”, escrita en la misma época. La trama de la obra sigue un mito alternativo de Helena de Esparta y su reencuentro y huida de Egipto con su esposo, el rey Menelao, tras la caída de Troya.
Sinopsis
Personajes
- HELENA, esposa de Menelao
- TEUCRO, guerrero griego que combatió en Troya
- CORO DE MUJERES GRIEGAS CAUTIVAS, acompañantes de Helena
- MENELAO, rey de Esparta
- PORTERA de Teoclímeno
- PRIMER MENSAJERO
- SEGUNDO MENSAJERO
- TEÓNOE, hermana de Teoclímeno
- TEOCLÍMENO, rey de Egipto
- SIRVIENTE de Teoclímeno
- LOS DIÓSCUROS (Cástor y Pólux)
La reina espartana Helena, que ha languidecido durante años en Egipto mientras se desarrollaban los acontecimientos de la Guerra de Troya y sus consecuencias, se entera por el griego exiliado Teucro que su esposo, el rey Menelao, ha muerto ahogado durante su regreso de Troya. Esto la sitúa ahora en posición de poder contraer nuevo matrimonio, y Teoclímeno (actual rey de Egipto tras la muerte de su padre, el rey Proteo) tiene toda la intención de aprovechar la situación. Helena consulta a Teónoe, hermana del rey, para intentar confirmar el destino de su esposo.
Sus temores se disipan, sin embargo, cuando un extraño llega a Egipto y resulta ser el propio Menelao. La pareja, separada durante tanto tiempo, se reconoce mutuamente, aunque al principio Menelao no cree que ella pueda ser la verdadera Helena, ya que la Helena que él conoce está a salvo, escondida en una cueva cerca de Troya.
Aquí se explica finalmente que la mujer con la que Menelao naufragó durante el viaje de regreso de Troya (y por la que había pasado los últimos diez años combatiendo) era en realidad un mero fantasma o simulacro de la verdadera Helena. Se relata la historia de cómo el príncipe troyano Paris fue requerido para juzgar entre las diosas Afrodita, Atenea y Hera, y cómo Afrodita lo sobornó ofreciéndole a Helena como esposa si la declaraba la más hermosa. Atenea y Hera se vengaron de Paris sustituyendo a la verdadera Helena por un fantasma, y fue este simulacro el que Paris raptó y llevó a Troya, mientras que la verdadera Helena fue trasladada por las diosas a Egipto. Uno de los marineros de Menelao confirma esta historia, tan inverosímil como suena, al informarle que la falsa Helena ha desaparecido repentinamente en el aire.
Finalmente reunidos, Helena y Menelao deben ahora idear un plan para escapar de Egipto. Aprovechando el rumor aún vigente de que Menelao ha muerto, Helena le cuenta al rey Teoclímeno que el extraño que llegó a la orilla era un mensajero enviado para confirmar la muerte de su esposo. Le sugiere al rey que ahora puede casarse con él en cuanto haya realizado un entierro ritual en el mar, liberándola simbólicamente de sus primeros votos matrimoniales. El rey acepta el plan, y Helena y Menelao aprovechan la oportunidad para escapar en la barca que les fue proporcionada para el ritual.
Teoclímeno se enfurece cuando descubre cómo lo han engañado, y casi mata a su hermana Teónoe por no haberle revelado que Menelao sigue vivo. Sin embargo, es impedido por la intervención milagrosa de los semidioses Cástor y Pólux (hermanos de Helena e hijos de Zeus y Leda).
Análisis
Esta variante del mito de Helena se basa en una historia que el historiador griego Heródoto sugirió por primera vez unos treinta años antes de que se escribiera la obra. Según esta tradición, la propia Helena de Esparta nunca fue raptada y llevada a Troya por Paris; solo su “eidolon” (un fantasma o simulacro creado por Hermes por orden de Hera). La verdadera Helena fue en realidad trasladada por los dioses a Egipto, donde languideció durante todos los años de la Guerra de Troya, bajo la protección del rey Proteo de Egipto. Allí permaneció siempre fiel a su esposo, el rey Menelao, a pesar de las maldiciones que recibía de griegos y troyanos por igual debido a su supuesta infidelidad y por haber desencadenado la guerra.
“Helen” es una obra decididamente ligera, con poco de la tragedia tradicional, y a veces se la clasifica como romance, melodrama o incluso tragicomedia (aunque en la antigua Grecia no existía realmente una superposición entre tragedia y comedia, y la obra se presentó indudablemente como tragedia). No obstante, contiene muchos de los elementos argumentales que clásicamente definían una tragedia (al menos según Aristóteles): peripecia o inversión (las dos Helenas, la verdadera y la falsa), anagnórisis o descubrimiento (el descubrimiento de Menelao de que su esposa está viva y de que la Guerra de Troya se libró por poco o ningún motivo) y catástrofe (la amenaza de Teoclímeno de matar a su hermana, aunque no se materialice).
La convención de la tragedia exigía también retratar personajes de alcurnia noble y elevada, en particular figuras conocidas de los mitos y las leyendas (a diferencia de las comedias, que solían centrarse en personajes corrientes o de clase baja). “Helen” cumple indudablemente con ese requisito trágico, ya que Menelao y Helena son dos de las figuras más célebres del mito griego. Sin embargo, Eurípides subvierte las expectativas hasta cierto punto (como hace con tanta frecuencia en sus obras) al mostrar al noble Menelao vestido con harapos y obligado a mendigar comida (e incluso corriendo el riesgo de ser expulsado por una anciana esclava en un momento dado). De modo similar, aunque Teoclímeno se establece inicialmente como un tirano cruel, en realidad resulta ser más bien un bufón y una figura ridícula.
Eurípides también otorga dos de las observaciones más profundas de la obra a humildes esclavos: es un esclavo quien señala a Menelao que toda la Guerra de Troya se libró en realidad sin motivo alguno, y es otro esclavo quien intenta intervenir cuando Teoclímeno está a punto de matar a Teónoe. La presentación de un esclavo como personaje justo y moral que socava la autoridad de su amo es rara en la tragedia (aunque menos inusual en Eurípides, conocido por romper convenciones y emplear técnicas innovadoras en sus obras).
La obra tiene un final generalmente feliz, aunque esto por sí solo no impide su clasificación como tragedia; un número sorprendente de tragedias griegas antiguas tienen finales felices (del mismo modo, una comedia no se define necesariamente por un final feliz). El final feliz conlleva no obstante connotaciones oscuras, como la perturbadora e innecesaria matanza cometida por Menelao de los hombres desarmados en la nave de escape, y el siniestro momento en que Teónoe casi es asesinada por su hermano en represalia. La argucia argumental del engaño de Helena y Menelao y su huida en una nave es casi idéntica a la utilizada en la obra de Eurípides “Ifigenia en Táuride”.
A pesar de algunos toques cómicos en la obra, su mensaje subyacente — sus inquietantes preguntas sobre la inutilidad de la guerra — es profundamente trágico, en particular la constatación de que diez años de guerra (y las consiguientes muertes de miles de hombres) fueron todos por un mero fantasma. El aspecto trágico de la obra también se intensifica con la mención de otras muertes colaterales más personales, como cuando Teucro trae a Helena la noticia de que su madre, Leda, se ha quitado la vida debido a la vergüenza que su hija le ha causado, y también se sugiere que sus hermanos, los Dióscuros, Cástor y Pólux, se suicidaron por ella (aunque fueron deificados en el proceso).
Recursos
- Traducción al inglés de E. P. Coleridge (Internet Classics Archive): http://classics.mit.edu/Euripides/helen.html
- Versión en griego con traducción palabra por palabra (Perseus Project): http://www.perseus.tufts.edu/hopper/text.jsp?doc=Perseus:text:1999.01.0099



