Las Troyanas

Classical

(Tragedia, griega, 415 a. C., 1.332 versos)

Introducción

“Las Troyanas” (gr.: “Troádes”) es una tragedia del dramaturgo griego antiguo Eurípides. Se representó por primera vez en las Grandes Dionisias de 415 a. C., junto con otras dos tragedias independientes, “Alejandro” y “Palamedes”, y el drama satírico “Sísifo”, todas ellas perdidas en la actualidad.

La obra narra los destinos de Hécuba, Andrómaca, Casandra y las demás mujeres de Troya tras el saqueo de su ciudad, la muerte de sus esposos y la inminente separación de sus familias restantes, que serán llevadas como esclavas (la trama transcurre en paralelo a los acontecimientos de la obra “Hécuba” de Eurípides). Con frecuencia se considera una de las obras maestras de Eurípides y una de las mejores obras antibélicas jamás escritas.

Sinopsis

Dramatis Personae – Personajes

  • POSEIDÓN
  • ATENEA
  • HÉCUBA
  • CORO DE MUJERES TROYANAS CAUTIVAS
  • TALTIBIO, heraldo de los griegos
  • CASANDRA, hija de Hécuba
  • ANDRÓMACA, esposa de Héctor, hijo de Hécuba
  • MENELAO, rey de Esparta

La obra comienza con el dios Poseidón lamentando la caída de Troya. Se le une la diosa Atenea, indignada por la exoneración de los griegos respecto a las acciones de Ájax el Menor, quien arrastró a la princesa troyana Casandra desde el templo de Atenea (y posiblemente la violó). Juntos, los dos dioses discuten formas de castigar a los griegos y conspiran para destruir sus naves durante el viaje de regreso.

Al amanecer, la destronada reina troyana Hécuba despierta en el campamento griego para lamentar su trágico destino y maldecir a Helena como causante de todo, mientras el Coro de mujeres troyanas cautivas hace eco a sus lamentos. El heraldo griego Taltibio llega para comunicar a Hécuba lo que le sucederá a ella y a sus hijos: la propia Hécuba será entregada como esclava al odiado general griego Odiseo, y su hija Casandra se convertirá en concubina del general victorioso Agamenón.

Casandra (quien ha sido parcialmente enloquecida por una maldición que le permite ver el futuro pero que nunca será creída cuando advierta a los demás) se muestra mórbidamente complacida con la noticia, pues prevé que, al llegar a Argos, la resentida esposa de su nuevo amo, Clitemnestra, matará tanto a ella como a Agamenón. Sin embargo, debido a la maldición, nadie comprende esta reacción, y Casandra es conducida a su destino.

Ilustración de Las Troyanas

Ilustración de Las Troyanas

La nuera de Hécuba, Andrómaca, llega con su hijo pequeño, Astianacte, y confirma la noticia que Taltibio había insinuado anteriormente: la hija menor de Hécuba, Políxena, ha sido sacrificada en la tumba del guerrero griego Aquiles (tema de la obra “Hécuba” de Eurípides). El destino de la propia Andrómaca es convertirse en concubina del hijo de Aquiles, Neoptólemo, y Hécuba le aconseja que honre a su nuevo señor con la esperanza de que se le permita criar a Astianacte como futuro salvador de Troya.

Sin embargo, como si quisiera aplastar estas pías esperanzas, Taltibio llega y le comunica a regañadientes que Astianacte ha sido condenado a ser arrojado desde las almenas de Troya hasta la muerte, antes de que el niño pueda crecer y vengar a su padre, Héctor. Además advierte que si Andrómaca intenta lanzar una maldición sobre las naves griegas, no se permitirá sepultura al niño. Andrómaca, maldiciendo a Helena por haber causado la guerra, es conducida a las naves griegas, mientras un soldado se lleva al niño hacia la muerte.

El rey espartano Menelao entra y declara a las mujeres que vino a Troya para vengarse de Paris y no para recuperar a Helena, pero que, no obstante, Helena regresará a Grecia, donde le aguarda una sentencia de muerte. Helena es conducida ante él, aún hermosa y seductora pese a todo lo sucedido, y le suplica a Menelao que le perdone la vida, alegando que fue hechizada por la diosa Cipris y que sí intentó regresar junto a él tras romperse el hechizo. Hécuba desprecia su inverosímil relato y advierte a Menelao que volverá a traicionarle si se le permite vivir, pero él se mantiene inflexible, limitándose a asegurar que viaje en una nave distinta a la suya.

Hécuba y las mujeres troyanas

Hécuba y las mujeres troyanas

Hacia el final de la obra, Taltibio regresa portando el cuerpo del pequeño Astianacte sobre el gran escudo de bronce de Héctor. Andrómaca habría deseado enterrar a su hijo ella misma, cumpliendo los ritos adecuados según la costumbre troyana, pero su nave ya ha zarpado, y recae en Hécuba la tarea de preparar el cuerpo de su nieto para la sepultura.

Al cierre de la obra, mientras las llamas se alzan de las ruinas de Troya, Hécuba hace un último intento desesperado de arrojarse al fuego, pero los soldados lo impiden. Ella y las restantes mujeres troyanas son conducidas a las naves de sus conquistadores griegos.

Análisis

“Las Troyanas” ha sido considerada durante mucho tiempo una representación innovadora y artística de las consecuencias de la Guerra de Troya, así como una penetrante denuncia del comportamiento bárbaro de los propios compatriotas de Eurípides hacia las mujeres y los niños de los pueblos que sometían en la guerra. Aunque en términos técnicos quizá no sea una gran obra —carece de una trama que se desarrolle significativamente, de construcción o acción notables y de alivio o variedad de tono—, su mensaje es atemporal y universal.

Estrenada en la primavera de 415 a. C., cuando el destino militar de Atenas se hallaba en equilibrio dieciséis años después del inicio de la Guerra del Peloponeso contra Esparta, y poco después de que el ejército ateniense masacrara a los hombres de la isla de Melos y esclavizara a sus mujeres y niños, el comentario trágico de Eurípides sobre la inhumanidad de la guerra cuestionaba los mismos cimientos de la supremacía cultural griega. Por el contrario, las mujeres de Troya, en especial Hécuba, parecen asumir sus cargas con nobleza y decencia.

Impulsadas por las circunstancias en que se encuentran, las mujeres troyanas —Hécuba en particular— cuestionan reiteradamente su fe en el panteón tradicional de los dioses y su dependencia de ellos; la futilidad de esperar sabiduría y justicia de las divinidades se expresa una y otra vez. Los dioses aparecen en la obra como celosos, obstinados y caprichosos, lo cual habría perturbado profundamente a los contemporáneos más conservadores de Eurípides, y acaso no sea de extrañar que la obra no obtuviera el premio en el concurso dramático de las Dionisias, pese a su evidente calidad.

Las Troyanas prenden fuego a su flota

Las Troyanas prenden fuego a su flota

Las principales mujeres troyanas en torno a las cuales gira la obra están retratadas deliberadamente como muy distintas entre sí: la anciana reina, cansada y trágica, Hécuba; la joven y sagrada virgen y profetisa, Casandra; la orgullosa y noble Andrómaca; y la hermosa y maquinadora Helena (no troyana de nacimiento, pero cuya perspectiva de los acontecimientos también es presentada por Eurípides a modo de contraste). Cada una de ellas hace una entrada dramática y espectacular en la obra, y cada una reacciona a las circunstancias trágicas a su manera individual.

Las demás mujeres del Coro (menos ilustres pero igualmente lastimosas) también tienen su voz y, al llamar la atención sobre el dolor de las mujeres comunes de Troya, Eurípides nos recuerda que las grandes damas de la corte son ahora esclavas al igual que ellas, y que sus penas son en esencia muy semejantes.

De los dos personajes masculinos de la obra, Menelao aparece como débil y burocrático, mientras que el heraldo griego Taltibio está representado como un hombre sensible y honrado atrapado en un mundo de depravación y dolor, un personaje mucho más complejo que el habitual heraldo anónimo de la tragedia griega, y el único griego de toda la obra que presenta atributos positivos.

Recursos

Creado:25 de octubre de 2024

Modificado:22 de diciembre de 2024