Las Suplicantes
(Tragedia, griega, 423 a. C., 1.234 versos)
Introducción
“Las suplicantes” (también conocida como “Las mujeres suplicantes”; gr.: “Hiketides”; lat.: “Supplices”) es una tragedia del dramaturgo griego antiguo Eurípides, representada por primera vez en 423 a. C. No debe confundirse con “Las suplicantes” de Esquilo (que narra la fundación de la ciudad de Argos por Dánao y las Danaides), la obra de Eurípides trata la lucha de Adrasto y las madres argivas contra Creón de Tebas para que se permita a los cuerpos de los invasores argivos recibir una sepultura digna, y la intervención del rey ateniense Teseo. Constituye una variante del argumento presentado en “Antígona” de Sófocles.
Sinopsis
| Dramatis Personae - Personajes |
|---|
| ETRA, madre de Teseo CORO DE MADRES ARGIVAS TESEO, rey de Atenas ADRASTO, rey de Argos HERALDO de Creón, rey de Tebas MENSAJERO EVADNE, esposa de Capaneo IFIS, padre de Evadne HIJOS DE LOS JEFES CAÍDOS ATENEA |
Los antecedentes de la obra se remontan a la época en que el rey Edipo abandonó Tebas, convertido en un hombre abatido y deshonrado, y sus dos hijos, Polinices (Polineices) y Eteocles, se enfrentaron por su corona. Polinices y los argivos «Los siete contra Tebas» sitiaron la ciudad después de que Eteocles rompiera los términos del pacto establecido por su padre, y ambos hermanos murieron en la lucha, dejando a Creón, cuñado de Edipo, como gobernante de Tebas. Creón decretó que Polinices y los invasores de Argos no serían sepultados, sino abandonados a la intemperie para pudrirse deshonrosamente en el campo de batalla.
La obra transcurre en el templo de Deméter en Eleusis, cerca de Atenas, y comienza con el suegro de Polinices, Adrasto, y el Coro, formado por las madres de los invasores argivos (las «suplicantes» del título), buscando la ayuda de Etra y su hijo Teseo, el poderoso rey de Atenas. Ruegan a Teseo que confronte a Creón y lo persuada de entregar los cuerpos de los caídos conforme a la antigua e inviolable ley griega, para que sus hijos puedan ser sepultados.
Persuadido por su madre, Etra, Teseo se compadece de las madres argivas y, con el consentimiento del pueblo ateniense, decide ayudarlas. Sin embargo, pronto resulta evidente que Creón no entregará fácilmente los cuerpos, y el ejército ateniense deberá tomarlos por la fuerza de las armas. Al final, Teseo resulta victorioso en la batalla y los cuerpos son devueltos para recibir finalmente sepultura (la esposa de uno de los generales caídos, Capaneo, insiste en ser quemada junto a su marido).
La diosa Atenea aparece entonces como deus ex machina y aconseja a Teseo que establezca un juramento de amistad eterna con Argos, e incita a los hijos de los generales argivos muertos a tomar venganza contra Tebas por la muerte de sus padres.
Análisis
Los ritos funerarios eran de suma importancia para los antiguos griegos, y el tema de la prohibición de sepultar los cuerpos de los muertos aparece en numerosas ocasiones a lo largo de la literatura griega antigua (por ejemplo, la disputa por los cadáveres de Patroclo y Héctor en “La Ilíada” de Homero, y la lucha por sepultar el cuerpo de Áyax en la obra “Áyax” de Sófocles). “Las suplicantes” lleva este concepto aún más lejos, retratando a una ciudad entera dispuesta a librar una guerra únicamente para recuperar los cuerpos de unos desconocidos, cuando Teseo decide intervenir en la disputa entre Tebas y Argos por un principio de justicia.
La obra presenta claras connotaciones políticas favorables a Atenas, escrita como fue durante la Guerra del Peloponeso contra Esparta. Se trata de una obra eminentemente pública, centrada en lo general y político más que en lo particular y personal. Sus protagonistas, Teseo y Adrasto, son ante todo gobernantes que representan a sus respectivas ciudades en una relación diplomática, más que personajes complejos con debilidades profundamente humanas.
Un extenso debate entre Teseo y el heraldo tebano discute los méritos y deméritos de las distintas formas de gobierno: Teseo ensalza la igualdad de la democracia ateniense, mientras que el heraldo defiende el gobierno de un solo hombre, «no de una turba». Teseo proclama las virtudes de la clase media y el acceso de los pobres a la justicia de la ley, mientras el heraldo se queja de que los campesinos nada saben de política y aún menos les importa, y que, en todo caso, conviene desconfiar de quien alcanza el poder sirviéndose de la palabra para dominar a los demás.
Paralelamente, a lo largo de toda la obra se desarrolla el motivo trágico tradicional del drama griego antiguo: la hibris o soberbia, así como el tema del contraste entre la juventud (personificada por el protagonista, Teseo, y el coro secundario, los hijos de los Siete) y la vejez (Etra, Ifis y el coro femenino de edad avanzada).
En lugar de limitarse a señalar el dolor y la destrucción que conlleva la guerra, la obra también alude a algunos de los beneficios positivos de la paz, como la prosperidad económica, la oportunidad de mejorar la educación, el florecimiento de las artes y el disfrute del momento (Adrasto dice en cierto punto: «La vida es un instante tan breve; deberíamos atravesarla con la mayor ligereza posible, evitando el sufrimiento»). Adrasto lamenta «la estupidez del hombre», que siempre intenta resolver sus problemas mediante la guerra en lugar de la negociación, y que solo parece aprender de experiencias ruinosas, y aun así, no siempre.
Recursos
- Traducción al inglés de E. P. Coleridge (Internet Classics Archive): http://classics.mit.edu/Euripides/suppliants.html
- Versión en griego con traducción palabra por palabra (Perseus Project): http://www.perseus.tufts.edu/hopper/text.jsp?doc=Perseus:text:1999.01.0121



