Traducción del Poema 101 de Catulo
Introducción
Este poema de diez líneas de Catulo está lleno de emoción. Lo escribió para su hermano, que había fallecido. Catulo se dirige directamente a las cenizas silenciosas de su hermano. Comienza el poema hablando de cómo viajó a través de países y mares. En el segundo verso, llega al lugar donde reposa su hermano para participar en los tristes ritos funerarios. En el tercer verso, presenta a su hermano con la última ofrenda (galardón) de la muerte. En el cuarto verso, esas ofrendas parecen ser las palabras de Catulo dirigidas a las cenizas.
Aunque el centro del poema es su hermano, Catulo expresa su desdicha por haber sido privado de él. Su descripción enfatiza que su hermano se ha apartado de Catulo. No escribe «fortuna» con mayúscula; más bien, parece culpar a su hermano. Sin embargo, existen traducciones que sí escriben «Fortuna» con mayúscula, lo cual modifica ligeramente el significado del quinto verso. En el sexto verso, repite que su hermano le fue «¡tan cruelmente arrebatado!». Comienza la línea con la palabra «¡ay!» y termina con un signo de exclamación. Es evidente que Catulo está lleno de dolor e indignación.
El séptimo verso muestra a Catulo ofreciendo presentes a su hermano, y en el octavo, explica que estas ofrendas han sido transmitidas por sus antepasados. El sacrificio funerario es un tributo doloroso según Catulo. Las ofrece, bañadas en sus lágrimas, a su hermano en el noveno verso. Luego, en el décimo, se despide de él con un «salve y adiós» para siempre.
Este heartfelt poema se torna aún más triste con la imagen de Catulo hablándole a las cenizas de su hermano muerto. Catulo no parece encontrar consuelo en los rituales del funeral ni en los sacrificios realizados. Los rituales a menudo aportan cierto cierre a los supervivientes. Tristemente, Catulo es consciente de que su hermano nunca volverá a hablarle. El «salve y adiós» constituyó la despedida definitiva que perdurará para siempre. El cierre quizá esté ahí, pero Catulo sigue invadido por el dolor.
Este poema funerario muestra cuánto amaba Catulo a su hermano y cuánto lo echará de menos. Sin embargo, existe un significado alternativo del poema que elimina el pesar y el sufrimiento. El segundo significado del poema es una reflexión sobre el poema épico, la Odisea. En esta lectura, el hablante es Odiseo, quien efectivamente viajó por tierras y mares. En la Odisea, uno de sus compañeros murió al caer de un tejado. ¿Podría Catulo estar plasmando el amor de Odiseo por sus compañeros de tripulación, que eran como hermanos para él?
El compañero que murió en el palacio de Circe es Elpénor. En la Odisea, Odiseo desciende al Inframundo. Allí ve a Elpénor, quien le pide que lo entierre. Cayó del tejado del palacio de Circe y permanece insepulto. Esto constituye una ofensa para los dioses, ya que consideraban importante honrar a los muertos otorgándoles ritos funerarios apropiados. Odiseo regresa a Eea. Lleva a cabo los ritos funerarios de Elpénor, que incluyen la cremación y la colocación de un marcador sobre sus cenizas.
El poema podría ser Odiseo hablándole a Elpénor tras haber realizado la cremación y los demás ritos funerarios. Otros héroes antiguos, como Eneas y Hércules, también viajaron por muchas tierras y mares. Pero este momento de dolor por un hermano caído parece corresponder únicamente a Odiseo, quien, a pesar de sus muchos defectos, sentía un profundo cariño por su tripulación.
Catulo posee una habilidad con las palabras que resulta evidente en este poema. La traducción al español es hermosa por sí misma. Sin embargo, la cualidad melódica del latín original no puede apreciarse en quienes no dominan esta lengua arcaica. Las palabras son sencillas, y eso es precisamente lo que las hace tan poderosas. Tanto en latín como en español, el último verso del poema es a la vez un saludo y una despedida. «Salve» es el saludo, equivalente al latín ave. Así, en latín, el verso final es ave atque vale. La cualidad poética resulta evidente en latín. Al igual que otras obras literarias de la antigüedad, el poema devuelve al hermano a la vida durante el breve instante que toma su lectura. Pensemos en Aquiles, que revive cada vez que alguien lee la Ilíada. Catulo y su hermano, u Odiseo y su compañero, viven por toda la eternidad a través de este poema. Es un poema perfecto para leer en funerales, de modo que los lectores podrían estar pronunciando un salve y adiós eterno, tal como predijo Catulo en el décimo verso.
La brillantez de Catulo no puede exagerarse en este análisis. Habla del dolor y la tristeza del duelo, pero también habla de la esperanza de saludar a un ser querido a través de la poesía. Sin el poema, el hermano de Catulo habría sido olvidado hace miles de años. Es fácil comprender por qué Catulo 101 se ha convertido en un poema favorito para tantos. Leer este poema ofrece a quien haya experimentado la muerte de un ser querido palabras que decir y emociones que sentir. Sigue siendo plenamente vigente.
Carmen 101
| Línea | Texto latino | Traducción al español |
|---|---|---|
| 1 | MVLTAS per gentes et multa per aequora uectus | Viajando a través de muchos países y sobre muchos mares |
| 2 | aduenio has miseras, frater, ad inferias, | llego, hermano mío, a estas tristes exequias, |
| 3 | ut te postremo donarem munere mortis | para ofrecerte el último galardón de la muerte, |
| 4 | et mutam nequiquam alloquerer cinerem. | y hablar, aunque en vano, a tus cenizas silenciosas, |
| 5 | quandoquidem fortuna mihi tete abstulit ipsum. | pues la fortuna te ha arrebatado tu propio ser de mí |
| 6 | heu miser indigne frater adempte mihi, | ¡ay, hermano mío, tan cruelmente arrebatado de mí! |
| 7 | nunc tamen interea haec, prisco quae more parentum | Sin embargo, ahora toma estas ofrendas, que por la costumbre de nuestros padres |
| 8 | tradita sunt tristi munere ad inferias, | han sido transmitidas — un tributo doloroso — para el sacrificio funerario; |
| 9 | accipe fraterno multum manantia fletu, | tómalas, bañadas en abundantes lágrimas de un hermano, |
| 10 | atque in perpetuum, frater, aue atque uale. | y para siempre, hermano mío, ¡salve y adiós! |
